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Cultura general

Madre no es una sola

By mayo 6, 2021diciembre 2nd, 2021No Comments

Madre es de las palabras más versátiles en cualquier continente. Usamos expresiones como “la madre de” para referirnos al origen de todo. Incluso en el idioma inglés, the mother of… es común para designar lo máximo entre un conjunto (ej: the mother of headaches —la madre de los dolores de cabeza—).

En países como México, la palabra madre ocupa los más diversos significados según el contexto. “No te creo ni madres”, para expresar escepticismo; “qué desmadre”, para expresar desorden; “huele” o “sabe a madres” para expresar desagrado; o “está hasta la madre”, para referir que estás harto.

Si viajamos a España, “madre mía” debe figurar entre las frases más mencionadas a diario. Una forma curiosa con que el hablante se refugió de las sorpresas en la figura materna. Y casi tan referida como esta tenemos “de put4 madre”, para decir que algo es realmente bueno, ¡excelente!

No podrían faltar en el catauro las frases donde madre ocupa un lugar “sagrado”, como “lo juro por mi madre” o “madre santa”. Y las cubanísimas “esto está de madre”, para describir una situación difícil; y “no cree ni en la madre de los tomates”, lo mismo para expresar valentía que cizaña.

Madre no es una sola

Ser madre es mucho más que dar a luz; y como bien sabemos, no necesariamente lo implica (¡qué dirían nuestras madrinas, tías y abuelas!). Ser madre es un sentimiento, no una condición naturalmente otorgada; parte del instinto porque no viene con recetas, sino con puro amor; no se es “buena” ni “mala”, y en todo caso, son los hijos quienes entregan esas “medallas”.

Reza un viejo adagio que “madre es una sola”, pero esta vez no puedo estar de acuerdo. Yo misma tuve la suerte de tener más de una madre. Cada una con sus maneras, su forma de amar, de enseñar y de apoyar. Y a todas les debo un poco.

Desde ConRefranes celebramos a todas las madres y les deseamos un día (¡meses y años!) con ¡felicidades infinitas!

Madre e hija

Cuando a doña Inés Mancebo de Miyares le expropiaron la hacienda familiar, el desespero la consumía. Pero como buena cubana (santiaguera, además), no lo dejó para luego. Era Venezuela y junio de 1813. El Gobernador de Barinas, Antonio Pulido, había dado la orden. Pero doña Inés sabía a quién acudir.

De puño y letra del entonces Brigadier Simón Bolívar, Pulido recibió una petición: “Cuanto haga a favor de esta Sra. corresponde a la gratitud que un corazón como el mío sabe guardar a la que me amamantó como madre. Fue ella la que en mis primeros meses me arrulló en su seno. ¡Que más recomendación que esta para el que sabe amar y agradecer como yo!”.

Pues sí, la santiaguera Inés Mancebo de Miyares fue la primera que amamantó al Libertador. Provenía de la aristocracia cubana y llegó a Caracas acompañando a su esposo, Fernando Antonio Vicente Miyares, alto funcionario de la Corona. Por su amistad con doña Concepción, madre del Libertador y vecina, es que acudieron a ella buscando auxilio cuando nació el bebé.

Tanto ella como la Negra Hipólita quedaron en el corazón de “Simoncito” como sus madres. Así fue como Bolívar tuvo una madre cubana y una madre negra, además de la suya.

¡Ay, madre!

Para seguir con las madres cubanas “famosas”, adelantémonos unos años y conozcamos a la condesa de Merlin. En la Isla la recordamos como fundadora de la literatura cubana escrita por mujeres; autora, entre otros libros, de Mis doce primeros años y Viaje a La Habana.

Pero María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo no solo fue célebre por su prosa. Los rumores de la época dan cuenta de un romance clandestino con Jerónimo Bonaparte, sobrino del emperador Napoleón Bonaparte. Más escandalosa fue la relación al conocerse que su madre, la condesa de Jaruco, había sido amante del rey José I de España, ¿hermano de quién creen? Del mismo Napoleón.

Tan intenso fue el amorío del José I con la Condesa de Jaruco que la esposa del monarca nunca se personó en Madrid, donde mantenían su relación.

La atracción de madre e hija por la monarquía dio de qué hablar a las malas lenguas. Así es que a María Inés, la hija de la Condesa de Jaruco, le han atribuido más de un romance de alto rango. Aunque no se han comprobado todos, sí se sabe que vivió apasionadamente. Mientras que de lejos era vista como una figura importante en el mundo de las letras, el conservadurismo la consideraba una amenaza.

María Inés, la Condesa de Merlin, murió empobrecida en 1852, luego de que su último amante, PhilarËte Chasles, la endeudara y huyera con una mujer más joven.

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